Historias, busco historias, como el especulador que afina su olfato oportunista, yo estoy en busa de historias; historias que no necesito vender para hacerlas rentables, porque en su interior está lo que busco, son chocolates con relleno dulce sabor a crema, a café, a dulce de leche, o a todo eso junto; cada historia tiene su sabor, su perfume, son tabacos de distinto aroma que fumo, dejo que su humo con notas de madera me llene y me infle de alegría, toso, me arde la garganta y aspiro de nuevo, otra vez. Son pequeñas ventanas a través de las que contemplo, soy turista en las vidas de otras personas, me llevan a recorrer los atractivos de ese mundo ajeno, distinto, imposible, propiedad de otros años, otras épocas, otras almas. Soy el Colón de esas Américas, me deslumbro por el descubrimiento, nativos me reciben con músicas nuevas y no puedo creer mi suerte, soy el afortunado que llegó primero a esas tierras, antes que nadie... no lo sé, si es que vinieron vikingos antes, ellos no se quedaron, ahora estoy yo solo, yo y mi Oro en un nuevo mundo.
Y necesito contarlas, me cargo de energía y exploto de ganas de mostrar al mundo lo que descubrí, tengo en mis manos Oro que nadie puede robarme, porque está más seguro en las manos de todos que oculto en las mías, es oro que no es oro sino agua, agua que no es agua tanto como es energía, que si no fluye, muere; si está en manos de todos, está más lejos de las garras del olvido; entonces su rostro, antes pálido por el abandono, está ahora rojo por la sangre que lo recorre, fluyendo por debajo de su piel, sangre que late, que es savia de nuestra humanidad, que trae remolcando estas historias desde los apartados fríos y húmedos de la desmemoria.
viernes, 25 de abril de 2008
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