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miércoles, 30 de abril de 2008

En la Era del Posmachismo

No existe un indicador oficial acerca de la cantidad de parejas que se forman o que se intentan, y si existiera, de todos modos no tendría mucho valor porque ya nadie cree en los índices oficiales. Pero si hubiese un indicador de este tipo, y fuese confiable, apostaría a que viene descendiendo en los últimos años. Y este preocupante asunto, que es más preocupante aún porque no tenemos siquiera noción de su magnitud ni de su peso en la canasta básica de nuestra realización personal, es producto de al menos dos principales causas. A continuación les ofrezco un ensayo que intenta ser científico acerca de por qué "no pasa nada" o "pasa muy poco".

Primera causa: Efectos secundarios de los culos en vivo y en directo
Por estos tiempos es más fácil enganchar un culo en la tele que un unitario. Lejos quedaron los tiempos de Grande Pa! y Amigos son los amigos. Ahora abundan culos. Ojo, que no se malinterprete, estoy agradecido por la variada oferta de culos disponibles en la tele y en los puestos de diarios devenidos en sex shops, pero quiero advertir sobre los efectos colaterales de esta moda. Y es que la mujer se ha ido convirtiendo en objeto sexual cada vez más. Y si ellas son el objeto, nosotros somos los sujetos babosos que solamente deseamos tenerlas, y cuantas más, mejor. Y resulta que como todo hábito, éste se retroalimenta: toma fuerza y realidad cuanto más se lo repite. Un ejemplo simple: yo no creo en los consejos por celular, esos “asterisco algo” a los que al enviar un mensaje recibís decenas de consejos sobre la vida, el amor y los astros. Al principio no podía concebir que nadie con un mínimo de sentido común y respeto propio accediera a malgastar su dinero de esa forma. Pero al cabo de un tiempo y de ver muchas publicidades, lo empecé a pensar como algo normal y hasta me tenté a probarlo. Lo que inicialmente resulta extravagante, fuera de lugar, raro, se termina aceptando y pasa a formar parte del paisaje natural con el tiempo. Ese es el peligro de los mensajes que recibimos todos los días, una forma de “contaminación del alma”. No hay propagandas que reivindiquen el valor del sexo con amor, que en mi opinión es infinitamente mejor que el carente de afecto. No nos bombardean con jingles que alienten a construir relaciones de mutuo respeto. Pero sí abundan los culos y los pares de tetas. Y todos tomamos conciencia de esta “objetización” de la mujer, ellas inclusive, que cada vez nos miran con más desconfianza.

La otra causa: la Sociedad del Conocimiento
Además de acostumbrarnos a ver culos bailando, cantando y patinando, también nos malacostumbramos a saber. A evitar los riesgos. A contar con empresas certificadoras, con antecedentes, con Google para buscar lo que se nos ocurra querer saber. Pero no hay ISO que certifique la buena fe, ni un Veraz para el alma. Cada vez hay más matafuegos y simulacros de evacuación y menos emprendedores. Cada vez hay más garantías y menos ilusiones. Pero, según leí en un sobrecito de azúcar hace un tiempo, “No es posible descubrir nuevas tierras hasta que no se tenga el coraje de perder la visión de la costa”. No hay sorpresa sin riesgo, no hay tesoro sin aventura.

El resultado: La Era del Hielo
Entonces construimos una realidad que cada vez más miente que afuera hace frío y hay lobos hambrientos, y por ello pocos se animan a salir. Preferimos permanecer en nuestras casas, nuestros circuitos conocidos, allí todo es familiar y hay menos riesgos. Es más seguro así. Nos mostramos cada vez más independientes de lo que a nadie le convendría, más seguros de lo que estamos y menos necesitados de lo que somos capaces de reconocer. Estamos jugando un juego en el que el peor error es mostrar vulnerabilidad. Sugerir interés por involucrarse es automáticamente asociado con la más indeseable flaqueza de espíritu e inestabilidad emocional. Y por supuesto, donde más impacta esto es en las relaciones entre hombres y mujeres, porque allí es donde más vulnerables somos a ser lastimados, estafados, decepcionados... Bienvenidos a la Era del Posmachismo, en la que la mujer ya no es desvalorizada por ser menos fuerte sino por ser Portadora de Culo, y los hombres somos Los Sospechosos de Siempre.

La Solución: El cambio personal
Si la montaña no viene a Mahoma… Mientras que Marcelo Hugo siga sosteniendo los niveles de rating que ostenta a fuerza de culos, tetas y 0600s, al menos yo voy a animarme a caminar otro camino, a no vivir según esa bajada de línea. En el camino espero encontrarme con muchos culos, perdón, quise decir mujeres, que quieran creer en mi mirada y se arriesguen a acercarse a estas bestias hambrientas que según dicen somos los hombres.